Características de LA REFORMA AGRARIA LIBERAL (Mira el esquema, que igual te aclara algo):

 


Las desamortizaciones.

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 INTRODUCCIÓN:

A lo largo del siglo XIX -aunque comenzaron en el XVIII- se desarrollará un largo proceso desamortizador que afectará al suelo (tierras y otros bienes) y al subsuelo (minas...).

 

I. La desamortización del suelo

En la 1ª mitad del S.19 hacienda está mal por la disminución de la renta por las aduanas. Esto ocasiona que España se vea incapaz de cubrir sus necesidades financieras. Se recurre entonces a pedir empréstitos y a las emisiones de deuda. Pero esto solamente se puede contrarrestar con un nuevo patrimonio: se nacionaliza y vende la propiedad en manos muertas.

Bienes que se desamortizan.

 La iglesia concentraba muchas tierras (El 14% eran suyas) y controlaba gran parte de la producción agrícola (24%). Los municipios tenían aún más tierras, pero eran de menos rendimiento. La Corona tenía también gran cantidad de tierras improductivas (Montañas, …). Todas estas propiedades se confiscan, nacionalizan y liquidan para amortizar la deuda. Empiezan a desamortizar en 1798 y el proceso continúa durante 100 años (Por la cantidad de bienes y de frenos políticos que se encuentran).

 

1. La propiedad de la tierra: de la propiedad feudal del Antiguo Régimen a la propiedad capitalista del régimen liberal.

Ya los diputados de las Cortes de Cádiz, entre 1811y 1813, iniciaron la labor de convertir en libre la propiedad inmueble del Antiguo Régimen: las fincas rústicas y urbanas, y es obligado decir "iniciaron" porque, con los vaivenes políticos de las décadas siguientes, el proceso no finalizaría hasta 1841.

La primera tarea fue desvincular los bienes de la nobleza y desamortizar los bienes eclesiásticos y municipales.

Ambas acciones pretendían lo mismo: sacar al mercado libre, para que fueran objeto de compra y venta, bienes que el Antiguo Régimen había dejado al margen del mismo.

La palabra desvinculación se aplicaba a los bienes de los seglares, y la de desamortización, a los bienes de los eclesiásticos.

Se trataba, por tanto, de proporcionar las condiciones necesarias para que aumentara el número de propietarios particulares y, con la aplicación de su trabajo a dichos bienes, creciera su felicidad personal y, con ella, la riqueza nacional.

La desvinculación supuso, a su vez, una doble decisión. La primera fue la abolición de los señoríos, lo que significaba, por un lado, acabar con una serie de relaciones de dominio que los señores habían tenido, debido a privilegios concedidos por los reyes, sobre los habitantes de unos determinados territorios y, por otro, convertir en propiedad particular y libre aquellas tierras. El proceso iniciado en Cádiz fue largo, a causa de las múltiples quejas y problemas surgidos, y concluyó en 1837. Y eso que, en contraste con la desamortización, esta medida no aportaba un cambio de propietario, sino la transformación de los señores antiguos en propietarios liberales, con una titularidad plena y libre sobre dichos bienes.

La segunda medida fue la supresión de los mayorazgos. En Cádiz sólo se había insinuado, y la primera ley que la recogía se escribió en 1820, durante el trienio liberal. De nuevo, las resistencias de la nobleza retrasarían su culminación hasta 1841. El mayorazgo había sido la fórmula por la que las casas nobiliarias en los siglos anteriores habían podido mantener una gran parte de sus propiedades; el primogénito de la casa recibía por herencia un bloque de bienes del que no era propietario, sino usufructuario, y que podía aumentar con compras, pero nunca vender, manteniendo el deber de transmitirlo a su heredero. La abolición suponía que estos bienes eran declarados libres y que, por tanto, podían ser vendidos por sus titulares.

La desamortización, primero de los bienes eclesiásticos y luego de los pueblos, fue la medida práctica de mayor trascendencia tomada por los gobiernos liberales, y se desarrolló durante todo el siglo XIX, entrando incluso en el XX.
El hecho de desamortizar tales bienes suponía dos momentos bien diferenciados: primero, la incautación por parte del Estado de esos bienes, por lo que dejaban de ser de "manos muertas"; es decir, dejaban de estar fuera del mercado, para convertirse en "bienes nacionales"; y segundo, la puesta en venta, mediante pública subasta, de los mismos. El producto de lo obtenido lo aplicaría el Estado a sus necesidades.

 

2. El proceso desamortizador.

La desamortización, aunque considerada liberal progresista por antonomasia, ya había empezado a ser aplicada en el siglo XVIII. Se ha calculado que desde que se pusieron en venta los primeros bienes de los jesuitas -expulsados de España por Carlos III en 1767- hasta 1924, fecha en que el estatuto municipal de Calvo Sotelo derogó definitivamente las leyes sobre desamortización de los bienes de los pueblos, pasaron a manos de propietarios particulares 19900000 hectáreas que habían sido de propiedad colectiva, o sea, el 39 por 100 de la superficie del Estado.
Este dilatado proceso de ventas no fue continuo, sino resultado de varias desamortizaciones: la de Godoy, ministro de Carlos IV (1798); la de las Cortes de Cádiz (1811-1813); la del trienio liberal (1820-1823); la de Mendizábal (1836-1851), y la de Pascual Madoz (1855-1924).3.

1ª desamortización (1798-1808).

En España había un gran desequilibrio presupuestario por causa de las guerras. La solución para paliarlo fue emitir vales reales, pero se emiten demasiados, por lo que se deprecian (Tienen un valor de mercado muy inferior al de emisión). La solución para este nuevo problema podría ser el reducir el número de vales (Quitarlos de la circulación), es decir, liquidarlos con sus intereses, pero no existían fondos con lo que hacerlo, por lo que la única salida es vender bienes.

            La desamortización afectó a la mitad de los bienes de la iglesia.

            A partir de 1803, los compradores de los bienes desamortizados podían despojar a los arrendatarios de sus tierras (Incentivo para que las comprasen) o subirles el precio de sus arrendamientos. Esto abre las puertas a la explotación capitalista de estos bienes. Sin embargo ocasiona que los arrendatarios paguen las necesidades de la Corona.

2ª desamortización (Trienio constitucional  (1820-23)

            Va a afectar a muebles e inmuebles de monasterios, conventos y colegios. La novedad de esta desamortización es que los bienes se pueden pagar con vales reales. Paralelamente a este proceso, se obliga a reducir el diezmo de la Iglesia, que es sustituido por una nueva contribución (+ caudales al estado). El problema de admitir vales reales al final fue que se venden bienes por valor de 1000 millones, pero se ingresan por caja solamente 100. Con la restauración del Antiguo Régimen, se va a ordenar devolver los bienes a sus antiguos propietarios, sin reintegrarles el dinero.

  

  3ª desamortización (1836-1845)  La desamortización de Mendizábal.

Puedes visitar este FORO, sobre la desamortización eclesiástica 

De estas desamortizaciones, es obligado destacar las dos últimas, y de forma especial la de Mendizábal, porque la puesta en práctica de su decreto trajo la ruptura de las relaciones diplomáticas con Roma y removió y dividió la opinión pública de tal forma, que ha quedado en la historia contemporánea como "la desamortización" por antonomasia. Cuando en 1835, llamado por sus amigos políticos y hombres de negocios progresistas, llegó desde Londres para presidir el Gobierno, lo que le preocupaba era garantizar la continuidad en el trono de Isabel II, esto era, la del nuevo Estado liberal. Para ello era condición necesaria ganar la guerra carlista, que en ese momento resultaba incierta; pero este objetivo no podría realizarse sin dinero o sin crédito. A su vez, para poder fortalecer la credibilidad del Estado ante futuras peticiones de crédito a instituciones extranjeras, era preciso eliminar, o por lo menos disminuir, la deuda pública hasta entonces contraída o, dicho de otro modo, pagar a los acreedores. Ante la mala situación de Hacienda, calificada por entonces de "espantosa", Mendizábal juzgó que había que recurrir a nuevas "fuentes" de financiación, y estas no eran otras que los bienes eclesiásticos.


El decreto desamortizador, publicado en 1836, en medio de la guerra civil con los carlistas, puso en venta todos los bienes del clero regular -frailes y monjas-. De esta forma quedaron en manos del Estado y se subastaron no solamente tierras, sino casas, monasterios y conventos con todos sus enseres -incluidas las obras de arte y los libros-. Al año siguiente, 1837, otra ley amplió la acción, al sacar a la venta los bienes del clero secular -los de las catedrales e iglesias en general-, aunque la ejecución de esta última se llevó a cabo unos años más tarde, en 1841, durante la regencia de Espartero.

Con la desamortización de Mendizábal se pretendían lograr varios objetivos a la vez

  • ganar la guerra carlista; 
  • eliminar la deuda pública, al ofrecer a los compradores de bienes la posibilidad de que los pagaran con títulos emitidos por el Estado; 
  • atraerse a las filas liberales a los principales beneficiarios de la desamortización, que componían la incipiente burguesía con dinero; 
  • poder solicitar nuevos préstamos, al gozar ahora Hacienda de credibilidad, 
  • y cambiar la estructura de la propiedad eclesiástica, que de ser amortizada y colectiva pasaría a ser libre e individual. 

Pero había más: 

la Iglesia sería reformada y transformada en una institución del Nuevo Régimen, comprometiéndose el Estado a mantener a los clérigos y a subvencionar el correspondiente culto.
 

Tuvo un éxito aparente. En 1833 surgen los problemas de sucesión del rey Fernando VII (Fin de la guerra civil). Mendizabal ordena la disolución de las órdenes religiosas y consigue vender sus bienes. En 1845 se había conseguido vender ya ¾ del patrimonio eclesiástico.

Sin embargo el proceso desamortizador estaba viciado desde el principio. La intención era que hubiera muchos nuevos propietarios de todo tipo (Tanto jornaleros como capitalistas). Pero el problema era que se admitió como medio de pago la deuda por su valor nominal y no por el real. Como la deuda estaba notablemente depreciada, los capitalistas consiguen vencer y comprar la gran mayoría de las tierras, en detrimento de los campesinos (Concentración territorial en manos de los especuladores).

Como consecuencia de todo esto, la desamortización no basta para sanear las finanzas públicas, y la deuda en vez de disminuir, aumenta en 1/3.

A todo esto hay que sumar el temor de los compradores de que otro cambio de régimen le hiciera devolver las fincas, por lo que los compradores se asientan en posiciones liberales. Los campesinos, al verse perjudicados, se sitúan en posiciones antiliberales o reaccionarias (Les aumentan la renta y no les dejan acceder a la propiedad de la tierra).

Una gran diferencia con la anterior desamortización, fue que en 1823 se exigían los títulos adquisitivos, mientras que en ésta sólo se exigen pruebas de propiedad (+ fáciles de conseguir por los señores)

La supresión del régimen señorial perjudica a los campesinos además por otra vía. Los siervos con tierras se convierten ahora en campesinos libres, pero sin tierras. La aristocracia perdió así sus derechos, pero gana en propiedades. Esto hace que en España se produzca la revolución francesa al revés: son los señores los que implantan el capitalismo en el campo (Aunque lo hacen en su provecho). Los señores son los que apoyan la revolución. Los campesinos apoyan la reacción.


4ª desamortización (1855-principios del S.20):  La desamortización "general" de Madoz.


El 1 de mayo de 1855, el ministro de Hacienda, Pascual Madoz, también progresista y amigo de Mendizábal, sacó a la luz su Ley de Desamortización General. Se llamaba "general" porque se ponían en venta todos los bienes de propiedad colectiva: los de los eclesiásticos que no habían sido vendidos en la etapa anterior y los de los pueblos -se llamaban bienes de propios aquellos que proporcionaban, por estar arrendados, una renta al Concejo, en tanto que los comunes no proporcionaban renta y eran utilizados por los vecinos del lugar-. La desamortización de bienes de propios y comunes se prolongó hasta 1924

En 1855 los bienes comunes (Vecinales) eran intocables, pero se atacan ilegalmente los usos colectivos. Tanto es así que entre 1855 y 1868 la venta de bienes concejales era ½ del total de ventas. Ahora corrigen el error de la anterior desamortización y se exige el pago en metálico o se acepta la deuda a precio de cotización (No de emisión).

El destino de la recaudación eran la Hacienda y la construcción del ferrocarril. La deuda negociable se cambia por intransferible endosada a los pueblos. Los municipios se ven muy perjudicados, ya que descienden los recursos financieros locales. Esto provoca una disminución de los servicios públicos y una quiebra de la organización rural española.

La desamortización civil coincide con el aumento de la demanda y de los precios. Para producir más se aumentan las roturaciones (Para aumentar la superficie cultivable se rompen baldíos), con lo que se consiguen más tierras de labor. Los cultivos principales son los cereales (en la meseta) y la vid (En la periferia), aunque ya había comenzado antes la expansión de estos cultivos.

El procedimiento utilizado para las ventas fue una copia del de Mendizábal; sin embargo, había dos diferencias claras. Una se refería al destino del dinero obtenido: sin las anteriores angustias de Hacienda, fue dedicado a la industrialización del país o, mejor y de modo más concreto, a la expansión del ferrocarril. La otra diferencia estaba en la propiedad de dicho dinero: el Estado no era el propietario, sino los ayuntamientos. Aquel percibiría el im-porte de las ventas en nombre de estos y lo transformaría en lo que hoy podrían ser bonos del Estado, lo cual significaba que este se convertía en "custodio" de los fondos de los ayuntamientos, utilizándolos para el bien de todos. En este proceso, la burguesía con dinero fue de nuevo la gran beneficiaria, aunque la participación de los pequeños propietarios de los pueblos fue mucho más elevada que en el anterior de Mendizábal.

 

5. Resultados de la desamortización.

  • Habría que concluir señalando que, en conjunto, el proceso de desamortizaciones no sirvió para que las tierras se repartieran entre los menos favorecidos, porque no se intentó hacer ninguna reforma agraria, sino conseguir dinero para los planes del Estado, aunque a medio y largo plazo sí contribuyó a que aumentara el volumen general del producto agrícola, al trabajar los nuevos propietarios tierras que hasta entonces no habían sido labradas. Según el profesor G. Tortella, esta operación gigantesca de compraventa de tierras afectó grandemente a la agricultura española.
  • La extensión de lo vendido se estima en el 50 por 100 de la tierra cultivable y su valor entre el 25 y el 33 por 100 del valor total de la propiedad inmueble española.
  • La desamortización trajo consigo una expansión de la superficie cultivada y una agricultura algo más productiva. Pero en los cambios acaecidos en el campo español actuaron otros factores, tales como la abolición del diezmo, la supresión de la Mesta, la lenta pero innegable mejora de las condiciones de transporte y comunicación, o las políticas decididamente proteccionistas en favor del cultivo de cereales a partir de 1820.
  • El aumento sostenido de la población pudo haber causado una presión en favor de la extensión y la intensificación del cultivo, tanto o más decisiva que los cambios en la estructura de la propiedad.

Otras consecuencias de trascendencia histórica fueron:

  • en lo social:
    • la aparición de un proletariado agrícola, formado por más de dos millones de campesinos sin tierra, jornaleros sometidos a duras condiciones de vida y trabajo solamente estacional; 
    • y la conformación de una burguesía terrateniente que con la adquisición ventajosa de tierras y propiedades pretendía emular a la vieja aristocracia.
  • En cuanto a la estructura de la propiedad: 
    • apenas varió la situación desequilibrada de predominio del latifundismo en el centro y el sur de la Península y el minifundio en extensas áreas del norte y noroeste. 
    • Por otra parte, la enajenación de propiedades municipales trajo consigo el empeoramiento de las condiciones de vida del pequeño campesinado, privado del uso y disfrute de los antiguos bienes del Concejo. Además, el impacto de la desamortización en la pérdida y el expolio de una gran parte del patrimonio artístico y cultural español fue, asimismo, importante.

 

No debemos olvidar sobre las desamortizaciones del SUELO:

Durante este proceso se le da libertad al campesino, pero se le aleja de la propiedad de la tierra. La desamortización estaba hecha a favor de los poderosos.

  •             Durante el S. 18 la tierra produce ingresos que van a parar a manos de gente sin interés por impulsar otras ramas de riqueza (Los ingresos van a parar a gastos improductivos). Sin embargo en Cataluña se canalizan a otras actividades. Allí una porción de los beneficios agrícolas se integró en los beneficios del comercio e industria. En Galicia sin embargo, existen los subforos. El subforero se limita a construir pazos con sus ingresos, en vez de invertir en otras actividades.
  •             Situación en la 2ª mitad del S.19

            Los beneficiarios de la desamortización fueron los que debían ser sus víctimas. Además la desamortización desvía recursos que podían ir a parar a la industria para comprar tierras. Con ellos se ayuda a la deuda y se subvencionan a las compañías ferroviarias.

  •             Andalucía.

            Había grandes explotaciones cedidas a colonos, que se las transmitían de padres a hijos. Había también dominios señoriales cultivados por sistemas de parcelas. Estas parcelas se unen con la desamortización, convirtiéndose los campesinos en nuevos jornaleros. Se liquida así a la clase media campesina. Þ Proletarización del campo.

  •             Consecuencias de la desamortización de los bienes comunales.

            Los municipios al disponer de menos bienes, tienen menos ingresos, por lo que intentan cubrir ese hueco con nuevos impuestos. Los que trabajaban las tierras de uso común se ven convertidos en jornaleros, lo que hace caer su nivel de vida.

            Cuando la competencia de los granos importados fue demasiado fuerte, la gente se vio obligada a emigrar o a buscar empleo en la industria, lo que hace desaparecer incluso pueblos enteros. Por lo tanto, la desamortización liberó brazos para la industria, pero la industrialización se veía necesitada también de capital, que no le llegó (Necesita trabajo y capital).

 

II. Desamortización del Subsuelo (Minas)

Situación en la época de la revolución de 1868.

            La hacienda continuaba en muy grave estado. Ya se habían consumido casi todos los resultados de la desamortización del suelo. La situación en el campo también era grave debido a 4 años seguidos de sequía. Todo esto se ve agravado por la insurrección de Cuba, que provoca más gastos y menos llegada de dinero. La solución que se toma para paliar esta mala situación es pedir prestado, pero dada la necesidad, se hace con unas condiciones muy desfavorables (Alto interés). Como garantía se ponen todos los bienes desamortizados todavía no vendidos más las minas. Con esto se pretendía amortizar en 7 años la mitad del empréstito. Los yacimientos más ricos eran: Almadén (Azogue Þ mercurio), Riotinto (Cobre) y Arrayanes (Plomo).

            Programa minero.

A) Los criaderos del estado servirán para amortizar el empréstito.

B) Se debe aumentar la riqueza para aumentar la materia impositiva

            Legislación anterior.

            La ley de 1825 decía que todos los yacimientos pertenecen a la corona. Laos los restantes. La ley de 1859 había cambiado un poco la situación, y dice que todas las minas son de la nación (Ya no son propiedad monárquica), las explote ella o las ceda. Sin embargo en esta legislación sigue habiendo barreras a la concesión. En 1868 se consiguen las concesiones perpetuas, sin posibilidad de ser denunciadas (Los concesionarios pasaban a ser los propietarios en la práctica), y además se pueden pedir en los gobiernos civiles provinciales (No exclusivamente en Madrid). En 1870 se pone a la venta por subasta la mina de Río Tinto. Ahora la única condición es pagar la cuota anual.

            Precedentes y evolución. La Ley de Minas de 1868:

 Por lo tanto, es la pésima situación de la hacienda la que induce la desamortización del subsuelo. Se consigue que desde 1868 (Ley de Minas de 1868) hasta 1944 haya una época de esplendor de la industria extractiva española. Los gobernantes de la revolución del 68 querían movilizar todos los recursos del país. Lo que consiguen con sus reformas es facilidad para poder conceder explotaciones y seguridad para explotar. Esto provoca el aumento del no de concesiones y que rápidos y abundantes recursos financieros acudieran a ayudar al sector.

            Es por ello por lo que aumente la especulación y las concesiones mineras. Las explotaciones de las minas de empresas extranjeras tuvieron gran importancia, no tanto en no como en tamaño.

            Oleada inversora.

            La explotación de las minas consigue alterar la estructura del comercio exterior, al aumentar espectacularmente las exportaciones. Se consigue que avancen más rápido que el resto de las exportaciones (Incluso se sitúa como la principal exportación a partir de 1899).

 

No olvides: Desamortizaciones

-       Orígenes en los reinados de Carlos I y Felipe II

-    Ampliadas en el s. XVIII: Carlos III (Olavide)

-    Continúan durante la Guerra de Independencia (Godoy y José Bonaparte....) y en el Trienio Liberal 

-       Completadas durante el reinado de Isabel II:

 

LAS MÁS IMPORTANTES: 

 

Ø  Desamortización de Juan Álvarez Mendizábal (1836)

-       Sobre la propiedad del clero regular de la Iglesia.

-       Las comunidades religiosas fueron disueltas

·         excepto las de beneficencia y enseñanza

Ø  Desamortización de Pascual Madoz (1855)

-       Tuvo un mayor alcance:

·         Sobre las comunidades religiosas y el clero secular

·         Sobre las propiedades del Estado y los Ayuntamientos

-       Se paralizó en el Bienio Progresista.

-       Se reanudó por los unionistas

·         1860: acuerdo con la Santa Sede para completar la venta de los bienes expropiados

Ø  Objetivos:

1º.  Crear partidarios del estado liberal y reducir la influencia de la Iglesia.

2º.  Sanear la Hacienda y la deuda pública mediante la pública subasta:

·         para financiar la guerra carlista

·         para la construcción de obras públicas, como el ferrocarril

3º.  Redistribuir las tierras y crear una nueva clase de propietarios.

Ø  Consecuencias:

1º.  No logró acometer una auténtica reforma agraria

·         La mayor parte de las tierras fueron adquiridas por la nobleza y los terratenientes a un precio por debajo del real

2º.  Aumentó el número y la extensión de los latifundios.

3º.  Los campesinos se convirtieron en jornaleros.

4º.  Se transformó la fisonomía de las ciudades con cambios urbanísticos

·         Ensanches y nuevos edificios públicos

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