NACIONALISMO:
Sus orígenes están en las invasiones napoleónicas a otros países que despiertan
el rechazo a la presencia francesa en su territorio. Defiende el derecho de un
pueblo entendido como un grupo de personas que vive en un territorio concreto a
autogobernarse, se basa en rasgos que debe cumplir un pueblo para poder aspira
a ser una nación:
-
territorio
concreto
-
lengua
propia
-
un
pasado importante común
-
una
cultura diferente al resto
-
los
más radicales e fijan en los rasgos físicos (la raza),
Se cambia la idea de
nación = estado por nación = pueblo:
Dos tipos:
- -Separatista (centrífugo): un pueblo está bajo el domino de unas
autoridades extranjeras y tienen rasgos para convertirse en nación, aspiran a
autogobernarse, Grecia, Hungría, Bélgica, Polonia.
- -Unitario o unionista (centrípeto): Un
pueblo que tiene aspectos comunes y se siente una, está dividido en estados y
aspira a unirse. Nacionalismo alemán e italiano.
Los casos de ITALIA
Y ALEMANIA:
En ambos se producirán revoluciones liberales que conseguirán
constituciones para los distintos estados originales.
En la Península Itálica:
- En Venecia se proclama la república en 1849, ya en junio de 1848 estalla una revolución contra los austriacos.
- En los estados pontificios con capital en
Roma también se proclama una oleada revolucionaria y la proclamación de la república en 1849.
Tras
todas las revoluciones en Italia fueron aplastadas con el apoyo de Austria.
Destacable es el apoyo del Piamonte a Milán que podría considerarse como el
primer paso de la unificación italiana.
En Alemania estallan revoluciones que imponiendo regímenes liberales destaca la revolución de Prusia. Estalló en Berlín iniciada por las masas populares y consigue introducir medidas de carácter liberalizador, pero los nobles de Prusia se organizan para crear un Junkerparlament, que acabará con la revolución. Los nacionalistas eligen una asamblea en Frankfurt para discutir sobre la futura Alemania. El fracaso de la revolución en Prusia hace fracasar la asamblea de Frankfurt.
ALEMANIA (DE aRTEHISTORIA)
El proceso que conduce a la unificación de los diversos Estados alemanes bajo la forma de un Imperio es, en buena medida, consecuencia de una profunda maduración social y económica en el mundo alemán después de las revoluciones de 1848, y del fortalecimiento político de Prusia en el conjunto de esos Estados. En ese sentido, la unificación parece ser más el resultado de la conjunción de procesos de diverso signo que el final de una política diseñada por un sector nacionalista que distó mucho de ser tan articulado y unánime como pudiera suponerse. Las convicciones liberales y los sentimientos nacionalistas, desde luego, no desaparecieron con la reacción absolutista que marcó el final de los procesos revolucionarios de 1848 y 1849. El propio Federico Guillermo IV, bajo la inspiración del ministro J. M. von Radowitz, había tratado de aprovechar su liderazgo de aquellos años para intentar que los príncipes alemanes le pusieran al frente de un proyecto de unificación, ofreciéndole la Corona imperial alemana. Federico Guillermo consiguió el apoyo de una treintena de Estados en la llamada Unión restringida, que votó una Constitución federal en abril de 1850. Aparte de la resistencia de los príncipes, y del recelo de los propios nobles prusianos (Junkers) a todo lo que no fuera el fortalecimiento de Prusia, Federico Guillermo se encontró con la dura réplica de Austria, que estaba respaldada por la alianza rusa. El canciller austriaco Schwarzenberg convocó a finales de noviembre de 1850, en Olmütz, al ministro prusiano O. von Manteuffel y le obligó a la renuncia de los proyectos de hegemonía prusianos. La Confederación Germánica era restablecida, al igual que la Dieta, mientras que Prusia era humillada y Austria afirmaba momentáneamente su hegemonía sobre una gran Alemania. En cualquier caso, el conflicto entre ambas potencias quedaba perfilado en el horizonte.
Desarrollamos el tema de Alemania un poco:
La noticia de la revolución e febrero en Francia, dio a los liberales de Alemania el estímulo que necesitaban para entrar en acción. En efecto, en marzo de 1848, dirigieron una serie de manifestaciones de carácter militar en todo el país; los hechos culminaron con una revolución en Berlín.
Aterrado por los sucesos, el rey de Prusia Federico Guillermo IV (1840-1861), permitió una constitución acorde con las exigencias de los liberales y estudiara la manera de independizar la Confederación Germánica del dominio de Austria. La Asamblea se reunió en Frankfort en el año 1848. La integración representantes de todos los estados miembros de la Confederación Germánica; Austria también asistió a la conferencia.
La Asamblea de Frankfort no realizó sus objetivos. Sus miembros no cooperaron debidamente, ni tuvieron poder suficiente para obligar a Austria a retirarse de Alemania. Cuando se elaboró la Constitución, el rey de Prusia Federico Guillermo IV, rehusó la invitación que le fuera hecha, para ocupar el cargo de emperador de
una nueva Alemania.
La rehusó porque no quería exponerse al riesgo de una guerra con Austria, y porque consideraba que una corona debía provenir de Dios, y no de una asamblea humana.
La Asamblea de Frankfort fracasó y fue disuelta. La antigua Dieta o Asamblea de la Confederación Germánica continuó ejerciendo sus funciones en una Alemania dividida. Los liberales alemanes había sufrido una seria derrota; muchos de ellos abandonaron el país después del fracaso de 1848; un número considerable
emigró a los Estados Unidos.
En el año de 1850, el rey de Prusia dio, por fin una constitución al país. Ésta, sinembargo, se establecía un régimen cuyos dirigentes eran responsables ante el monarca y no ante el pueblo.
Las revoluciones de 1848 no lograron la unidad política de Alemania ni la
emancipación del predominio austríaco.
Existían también aquí, factores que inspiraban el nacionalismo y servían de lazo de unión: idioma común, aunque dialectos locales; tradiciones y costumbres similares y el orgullo del pueblo por sus grandes realizaciones culturales.
El fracaso de la Asamblea de Frankfort hizo comprender a los dirigentes alemanes que las palabras no bastaban para unir al pueblo. Otto von Bismarck, quien aceptó la situación con más realismo, fue nombrado primer ministro de Prusia en 1862; era partidario convencido de la monarquía de derecho divino y no soportaba la democracia parlamentaria. Su técnica y diplomacia política jugaron papel importante en la formación del estado alemán.
El ideal de la unificación fue apoderándose de Bismarck. Su plan de acción consistía en hacer que Prusia suministrara la dirección necesaria para la unificación, centrando el sentimiento nacionalista en torno del monarca prusiano; aislar a Austria, expulsarla de Alemania y utilizar el poderío militar para realizar sus objetivos.
Con tres grandes guerras se unificó Alemania así.
· GUERRA DE AUSTRIA Y PRUSIA: contra Dinamarca en el año de 1864, por el dominio de los ducados de Schleswing y Holtein, aunque ambos territorios eran propiedad personal del rey de Dinamarca. La suerte se inclinó a favor de Austria y Prusia quienes se repartieron los ducados.
· GUERRA AUSTRO-PRUSIANA : en el año de 1866. Prusia acusó a Austria de administrar mal los ducados y expulsó a los funcionarios austríacos. Austria le declaró la guerra pero fue vencida. Los austríacos pidieron la paz y se firmó el tratado de Praga, mediante el cual Austria accedió a disolver la Confederación Germánica y a organizar una nueva confederación integrada por el Estado del norte de Alemania, sujeta al gobierno de Prusia. Austria lo mismo que los estados del sur que eran católicos, fueron expulsados de esta nueva confederación.
Bismarck quería encontrar un enemigo común contra le cual luchara todos los alemanes, tanto los católicos del sur como los protestantes del norte. Confiaba en que una guerra de esta naturaleza despertaría el nacionalismo en los estados del sur y los llevaría a ingresar a la confederación Alemana del Norte, para así formar una Alemania unificada; consideró que Francia podría ser el enemigo más indicado. La guerra tuvo su origen al quedar vacante el trono de España, tras la revolución de 1868.
GUERRA FRANCO-PRUSIANA: (1870): El candidato al trono español, emparentado con el rey de Prusia, implicaba una situación difícil para Francia que veía con esto la formación del Imperio de Carlos V.
Prusia ayudada por los estados del sur declaró la guerra a Francia. Esta guerra de un año de duración (1870-71) fue adversa a los franceses, quienes firmaron el Tratado de Frankfort, por lo cual entregaron la Alsacia y Lorena; se comprometieron a pagar 5 millones de francos de indemnización y a mantener un ejército alemán de ocupación.
Con la guerra franco - prusiana se completo la unificación de Alemania. El rey de Prusia tomó el nombre de káiser, y mediante la Constitución de 1871, organizó imperialmente a Alemania: una nueva potencia aparecía en el panorama político europeo.
El nuevo imperio alemán, Reich, fue proclamado oficialmente en una ceremonia en el palacio de Versalles el 18 de junio de 1871; Guillermo I de Prusia, emperador y Bismarck, canciller.
ITALIA (DE aRTEHISTORIA)
pARA AMPLIAR, VISITA: http://es.wikipedia.org/wiki/Unificaci%C3%B3n_de_Italia
La idea de la unificación de los diversos Estados de la península italiana en un solo Estado unitario tenía como referencia inmediata la creación, por parte de Napoleón, de las repúblicas italianas y, posteriormente, del Reino de Italia. Tras el congreso de Viena, la península quedó fragmentada en diversos Estados. Por una parte había tres pequeñas entidades independientes, que eran los Estados Pontificios y los reinos de Piamonte-Cerdeña, en el norte, y Dos Sicilias, en el sur. Por otra, había territorios (Lombardía y Venecia) bajo el directo dominio del Imperio austriaco, y algunos ducados (Parma, Módena, Toscana) que también giraban en la órbita austriaca. En la oleada revolucionaria de 1820-1821 ya se había dado un componente nacionalista, como también se comprobó durante las revoluciones de 1830, que exigieron la intervención del Ejército austriaco en los ducados y en la parte norte de los Estados Pontificios. Los italianos empezaron a comprender que no podrían llegar a la unificación política de Italia sin librarse primero de la dominación austriaca, y que esta liberación sería imposible sin la ayuda de alguna potencia extranjera. Unificación e independencia quedaron desde entonces como conceptos estrechamente relacionados.Tras el fracaso de la revolución de 1830, el genovés Giuseppe Mazzini desecharía la vía de la conspiración y, bajo la inspiración de F. Buonarroti, pondría en el pueblo su confianza de alcanzar la unificación de Italia, bajo la forma de una República democrática unitaria. "Dio e il Popolo" fue su lema. La fundación de la Joven Italia (1831), con el objetivo de "reconstruir Italia como una nación independiente y soberana, de hombres libres e iguales", no condujo a ningún resultado práctico y, después de varios intentos de insurrección frustrados, Mazzini se exilió en Londres en 1837. La estela del mazzinismo se prolongó en los años siguientes, con una serie de insurrecciones (N. Fabrizi, hermanos Bandiera) que fueron abortadas fácilmente, ante una relativa indiferencia popular.
Desarrollamos el tema de Italia un poco:
La masonería italiana siguió el ejemplo francés provocando revoluciones en los estados de la Iglesia, en Parma y en Toscana.
Establecieron gobiernos constitucionales, elaboraron la nueva bandera tricolor(verde, roja y blanca) del nacimiento italiano y declararon que el Papa había perdido su poder temporal. Los liberales italianos no obtuvieron el apoyo del pueblo del resto de la península y las tropas austríacas enviadas por Metternich los sometieron rápidamente y restablecieron a los soberanos.
Luego en marzo de 1848, cuando los italianos se enteraron de la caída de Metternich, el pueblo de Milán se levantó con valentía contra Austria. Una parte de Lombardia rompió con el gobierno de Austria y el pueblo de Venecia se constituyó en república independiente. En Roma, Giuseppe Mazzini estableció la República romana. Los gobernantes de Nápoles y el Piamonte se vieron forzados a otorgar constituciones a sus pueblos.
A pesar de los heróicos esfuerzos, los revolucionarios italianos fueron dominados. Las tropas austríacas sofocaron la revuelta en Milán; tropas francesas entraron en Roma y devolvieron al Papa el gobierno de la ciudad. El reino de Cerdeña, regido por la rama italiana de la Casa de Saboya, había entrado la guerra contra Austria. Al ser derrotado el rey de Cerdeña, Carlos Alberto, abdicó y le sucedió su hijo Víctor Manuel II. A fines de 1849, Austria había recuperado ya su poder en el norte de Italia.
El despertar del nacionalismo italiano a principios del siglo XIX, se conoció con el nombre de “Resurgimiento”.
Mazzini fue uno de los caudillos más importantes en este movimiento; para ello fundó la sociedad denominada “ joven Italia”, cuyo objetivo era educar al pueblo para la fundación de una república italiana.
Otros factores contribuyeron a la unificación de Italia, como fueron las costumbres, la religión, las tradiciones y el idioma común, a pesar de los dialectos regionales; la necesidad de unificación sentida por la pujante clase media agrícola y comerciante.
Una Italia unificada permitiría abolir las barreras que significaban los impuestos entre los diferentes Estados, solucionaría el problema de los diversos sistemas monetarios, permitiría construir vías de comunicación que estimularan al comercio externo. Así mismo se eliminaron la intervención de Austria en la economía del país.
La unificación vino a ser obra de la monarquía. Los italianos, dispuestos expulsar a los extranjeros, necesitaban caudillos enérgicos para dirigir el movimiento; los que encontraron en Víctor Manuel II rey de Cerdeña y en el conde Camilo de Covour, primer ministro, estadista liberal cuyo lema era: 2 Independencia, Unión, Moderación y Reforma”. Víctor Manuel II estaba resuelto a hacer realidad el sueño de una Italia unificada.Su primera gestión fue fortalecer la economía del reino de Cerdeña apoyando las obra públicas, la agricultura y la industria. Luego se alió con Inglaterra, Francia y Turquía para luchar contra Rusia en la guerra de Crimea (1854–1856).
Terminada la guerra, aprovecho la celebración de la conferencia de Paz para denunciar el dominio de Austria sobre Italia. Se alió con Napoleón III para liberarse de Austria.
Más tarde, en 1859 Austria, provocada por Francia, declaró la guerra a Cerdeña; Austria fue derrotada y entregó el territorio de Lombardía a Cerdeña, conservando a Venecia. Napoleón III firmó por separado la paz con Austria. Aunque la ayuda francesa no había sido completa, la guerra contribuyó a la unificación de Italia en otro sentido. Los demás Estados derrocaron a sus gobernantes y se unieron a Cerdeña, quedando así unidos el norte y el centro de la península.
Sólo faltaba el reino de las dos Sicilias, en donde estalló una sublevación nacionalista apoyada por las fuerzas del general Giuseppe Garibaldi, uno de los constructores de la Italia contemporánea. Sus tropas conocidas como las
“camisas rojas” eran reducidas, pero tuvieron buen éxito en la toma de Sicilia.
Pasaron luego a la península y contemplaron la libertad del reino, el cual fue entregado a Víctor Manuel. El territorio unificado se había extendido enormemente.
El 14 de mayo de 1864, se proclamó la creación del nuevo reino de Italia; con Víctor Manuel II como rey y Cavour como primer ministro.
El 14 de mayo de 1864, se proclamó la creación del nuevo reino de Italia; con Víctor Manuel II como rey y Cavour como primer ministro.
En 1866, Italia se unió a Prusia en una guerra contr aAustria; como resultado de ello Venecia fue anexada a Italia. En 1870, Roma fue arrebatada al Papa y convertida en la capital del reino de Italia; la unidad nacional fue un hecho.
Los dirigentes de la recién unificada Italia hicieron muchos cambios en la organización del país. Víctor Manuel II dictó inmediatamente una ley de garantías, reconociendo al Papa como monarca espiritual y declarando inviolables la persona del Sumo Pontífice y los Palacios del Vaticano, Letrán y Vila Castel-Gandolfo. Así, resolvió el rey la denominada cuestión romana. Pero los papas se encerraron voluntariamente en el Vaticano y se declararon
prisioneros del Estado italiano. Esa situación fue resuelta en el año de 1929, mediante el llamado Tratado de San Juan de Letrán, por medio del cual el Papa goza de los privilegios que tiene hoy en el Vaticano.